Esta lucha decidió el destino de Roma por más de seiscientos años. Fue el enfrentamiento de la propia Roma a trascender de potencia local en Italia a germen del gran imperio posterior o a su desaparición en manos de la mayor potencia naval del mundo de aquellos días. Y jamás estuvo Roma tan cerca de su desaparición.
Esta lucha se centra en las Guerras Púnicas.
La Primera Guerra Púnica
Se originó como una lucha por la posesión de Sicilia. Fue principalmente una guerra naval ya que por entonces Roma había creado una poderosa escuadra, aunque aún lejos del poder de Cartago. Los romanos vencieron en Milai (260 a. C.) pero al continuar la guerra por tierra fracasaron, con la captura del general romano Marco Atilio Régulo. Tras algunas derrotas, los romanos obtuvieron una gran victoria en las islas Egates, al oeste de Sicilia en 242 a. C. Un año más tarde la guerra terminó con la cesión a Roma del territorio cartaginés de Sicilia. Poco después se haría con Córcega y Cerdeña, ambas territorio cartaginés.
La Segunda Guerra Púnica
Tras la derrota marítima ante los romanos, los cartagineses, miran su expansión hacia Hispania, una tierra rica de donde obtener recursos, El general cartagines Amilcar Barca obtuvo grandes victorias que le llevarían a ocupar la península hasta el Tajo. Después de su muerte su hijo Aníbal amplió los territorios hasta el Ebro. En 218 a. C. comienza propiamente la guerra al abandonar Aníbal sus campamentos en Hispania y avanzar hacia Italia, consiguiendo la hazaña de cruzar los Alpes con sus elefantes,los cuales más tarde, romperían la organizada estructura de la legión romana.
Tercera Guerra Púnica
La llamada tercera Guerra Púnica no es sino un capítulo bastante vergonzoso de la historia de Roma. Cartago se comprometió después de la segunda Guerra Púnica, en el tratado de Zama (202 a.C.) a no emprender ninguna guerra sin el beneplácito de Roma. Pero Escipión, entre el 204 a.C. y el 202 a.C., había concertado una alianza con Massinisa, rey de Numidia, al cual asignó el papel de impedir cualquier veleidad expansionista de Cartago en el norte de África. Este rey, vasallo de Roma, se dedicó a acosar a Cartago innumerables veces. Las misiones romanas enviadas para regular los conflictos que se entablaban entre el rey y los púnicos, sentenciaban casi siempre en favor de Massinisa. Cuando en el año 150 a.C. Cartago, cansada de las provocaciones del númida, decidió defenderse, Roma acusó a Cartago de violar el tratado y exigió no sólo el cese de las hostilidades, sino también el pago a Massinisa de una indemnización de guerra. Pero el Senado decidió también el envío de una expedición militar contra Cartago. Las razones de esta decisión son difíciles de comprender. Entre Cartago y Roma no existía ya ninguna rivalidad comercial. Los mercados de Occidente pertenecían por completo a Roma y a sus aliados griegos. Tal vez pudiera tratarse del temor o la desconfianza hacia Massinisa, cuyo poder empezaba a ser demasiado grande a los ojos de Roma y al que no consideraba un aliado por encima de toda sospecha. Esta desconfianza podía haber despertado el deseo de Roma de asentarse en el norte de África. Utica fue la base elegida. El ejército romano desembarcó en la ciudad en 149 a.C., Cartago se prestó -a fin de evitar la guerra- a acceder a cualquier petición del Senado romano, por duras que fueran sus exigencias: entrega de rehenes y de las armas y material de guerra. Cuando los cónsules consideraron que la ciudad ya no podía defenderse, exigieron aún más: los cartagineses habrían de destruir su propia ciudad y la población sería distribuida entre los pueblos. Tal petición sólo tenía un significado para los cartagineses, el hambre y la miseria más extrema. Movidos por la desesperación, Cartago empleó los treinta días que los cónsules le dieron de plazo para responder, en prepararse para la guerra. Las fuerzas de que disponía Cartago no eran muchas, ni estaban bien pertrechadas, pero el asedio al que el ejército romano sometió a Cartago se alargaba enormemente. Fallaba el aprovisionamiento del ejército y el clima castigaba duramente a los soldados. En Roma se tomó la decisión de investir cónsul en el 147 a.C. a Escipión Emiliano. Escipión restableció el bloqueo de Cartago y en medio de una guerra obstinada y llena de estratagemas por ambas partes, logró reducir a los cartagineses en la primavera del 146 a.C.. El Senado decidió que la ciudad fuera arrasada y abandonada para siempre. Los supervivientes fueron vendidos como esclavos y hasta los mismos dioses púnicos fueron trasladados a Roma: Juno Celeste fue instalada en el Capitolio. Cartago dejó de existir a los ojos de los hombres y a los de los dioses, y su territorio fue convertido en la provincia romana de África.
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