martes, 5 de abril de 2011

La Política Exterior

En 264 a. C., comienza una de las luchas más grandes de las que enfrentó a Roma contra otros reinos, la lucha contra Cartago.
Esta lucha decidió el destino de Roma por más de seiscientos años. Fue el enfrentamiento de la propia Roma a trascender de potencia local en Italia a germen del gran imperio posterior o a su desaparición en manos de la mayor potencia naval del mundo de aquellos días. Y jamás estuvo Roma tan cerca de su desaparición.
Esta lucha se centra en las Guerras Púnicas.
 
La  Primera Guerra Púnica

Se originó como una lucha por la posesión de Sicilia. Fue principalmente una guerra naval ya que por entonces Roma había creado una poderosa escuadra, aunque aún lejos del poder de Cartago. Los romanos vencieron en Milai (260 a. C.) pero al continuar la guerra por tierra fracasaron, con la captura del general romano Marco Atilio Régulo. Tras algunas derrotas, los romanos obtuvieron una gran victoria en las  islas Egates, al oeste de Sicilia en 242 a. C. Un año más tarde la guerra terminó con la cesión a Roma del territorio cartaginés de Sicilia. Poco después se haría con Córcega y Cerdeña, ambas territorio cartaginés.


La Segunda Guerra Púnica

Tras la derrota marítima ante los romanos, los cartagineses, miran su expansión hacia Hispania, una tierra rica de donde obtener recursos, El general cartagines Amilcar Barca obtuvo grandes victorias que le llevarían a ocupar la península hasta el Tajo. Después de su muerte su hijo Aníbal amplió los territorios hasta el Ebro. En 218 a. C. comienza propiamente la guerra al abandonar Aníbal sus campamentos en Hispania y avanzar hacia Italia, consiguiendo la hazaña de cruzar los Alpes con sus elefantes,los cuales más tarde, romperían la organizada estructura de la legión romana.






Tercera Guerra Púnica


La llamada tercera Guerra Púnica no es sino un capítulo bastante vergonzoso de la historia de Roma. Cartago se comprometió después de la segunda Guerra Púnica, en el tratado de Zama (202 a.C.) a no emprender ninguna guerra sin el beneplácito de Roma. Pero Escipión, entre el 204 a.C. y el 202 a.C., había concertado una alianza con Massinisa, rey de Numidia, al cual asignó el papel de impedir cualquier veleidad expansionista de Cartago en el norte de África. Este rey, vasallo de Roma, se dedicó a acosar a Cartago innumerables veces. Las misiones romanas enviadas para regular los conflictos que se entablaban entre el rey y los púnicos, sentenciaban casi siempre en favor de Massinisa. Cuando en el año 150 a.C. Cartago, cansada de las provocaciones del númida, decidió defenderse, Roma acusó a Cartago de violar el tratado y exigió no sólo el cese de las hostilidades, sino también el pago a Massinisa de una indemnización de guerra. Pero el Senado decidió también el envío de una expedición militar contra Cartago. Las razones de esta decisión son difíciles de comprender. Entre Cartago y Roma no existía ya ninguna rivalidad comercial. Los mercados de Occidente pertenecían por completo a Roma y a sus aliados griegos. Tal vez pudiera tratarse del temor o la desconfianza hacia Massinisa, cuyo poder empezaba a ser demasiado grande a los ojos de Roma y al que no consideraba un aliado por encima de toda sospecha. Esta desconfianza podía haber despertado el deseo de Roma de asentarse en el norte de África. Utica fue la base elegida. El ejército romano desembarcó en la ciudad en 149 a.C., Cartago se prestó -a fin de evitar la guerra- a acceder a cualquier petición del Senado romano, por duras que fueran sus exigencias: entrega de rehenes y de las armas y material de guerra. Cuando los cónsules consideraron que la ciudad ya no podía defenderse, exigieron aún más: los cartagineses habrían de destruir su propia ciudad y la población sería distribuida entre los pueblos. Tal petición sólo tenía un significado para los cartagineses, el hambre y la miseria más extrema. Movidos por la desesperación, Cartago empleó los treinta días que los cónsules le dieron de plazo para responder, en prepararse para la guerra. Las fuerzas de que disponía Cartago no eran muchas, ni estaban bien pertrechadas, pero el asedio al que el ejército romano sometió a Cartago se alargaba enormemente. Fallaba el aprovisionamiento del ejército y el clima castigaba duramente a los soldados. En Roma se tomó la decisión de investir cónsul en el 147 a.C. a Escipión Emiliano. Escipión restableció el bloqueo de Cartago y en medio de una guerra obstinada y llena de estratagemas por ambas partes, logró reducir a los cartagineses en la primavera del 146 a.C.. El Senado decidió que la ciudad fuera arrasada y abandonada para siempre. Los supervivientes fueron vendidos como esclavos y hasta los mismos dioses púnicos fueron trasladados a Roma: Juno Celeste fue instalada en el Capitolio. Cartago dejó de existir a los ojos de los hombres y a los de los dioses, y su territorio fue convertido en la provincia romana de África.

El Período de La República

PERIODO REPUBLICANO

Poco duró el reino fundado por los dos gemelos como tal. Más que reyes, los gobernantes de Roma eran tiranos y déspotas que tenían un poder absoluto sobre sus súbditos.
Sin embargo, el pueblo, cansado de dichos déspotas, derrocó al que sería último rey de Roma, Lucio Tarquino el Soberbio, y abriría un período republicano que duraría desde dicho momento, 510 a. C. hasta 27 a. C., año de la fundación oficial del Imperio.

En sustitución del rey, el pueblo elegía anualmente a dos magistrados, o pretores, que más tarde se llamarían cónsules, limitando así el poder a un gobierno dual y evitando el peligro de autocracia. Durante esta época toma mayor fuerza el Senado, que ya era órgano consultor de la monarquía, y se permitió la entrada en él de los plebeyos.

Ello llevó a  mayores reformas sociales a favor de los plebeyos que más tarde podrían elegir a los Tribunos de la Plebe, representantes de los intereses de dichos plebeyos.
Más aún. En 367 a. C. una ley obligaba a que  uno de los dos cónsules fuera plebeyo y poco después el resto de las magistraturas se fueron abriendo al pueblo llano no siendo ya privilegio de los patricios.

El Senado se convirtió en el órgano de mayor poder, pudiendo declarar guerras, declarar la paz o establecer nuevas colonias. Gracias a estos poderes, el senado romano se Dedicó a una política expansionista. Siendo ya por aquella época la potencia hegemónica del Lacio, con la ayuda de sus aliados luchó contra Etruscos, Volscos y Ecuos.

La Ciudad de Roma



En este video se puede apresiar como era la antigua ciudad de Roma, en todo su esplendor.

lunes, 4 de abril de 2011

Roma Su Origen Y El Periodo de Monarquía


La leyenda: Según la leyenda, narrada por el famoso escritor Virgilio en su obra La Eneida. Numitor, descendiente de Ascanio, fue derrocado por su hermano Amulio, quien ordenó que Rómulo y Remo, hijos de Rea Silvia, fueran abandonados en las márgenes del Tíber para que murieran de hambre. Sin embargo, los niños fueron alimentados por una loba, hasta que un pastor los encontró y los crio en su casa. Cuando Rómulo y Remo crecieron, fueron reconocidos por su abuelo Numitor, y al enterarse de su origen noble, derrocaron a Amulio y restablecieron a Numitor en el trono de Alba Longa
Fue entonces cuando Rómulo y Remo decidieron fundar una nueva ciudad en el monte Palatino, a escasa distancia del mar, de manera tal que pudiera recibir por el Tíber las mercaderías necesarias y a la vez estuviera suficientemente alejada para resguardarse del ataque de los piratas.
Ambos hermanos trazaron los límites de la ciudad a la que llamaron Roma— y abrieron un foso que la rodeaba. Rómulo dio aviso que castigaría severamente a quien se atreviera a cruzarlo, y como Remo lo hizo, le dio muerte sin piedad.
A Rómulo le sucedió Numa Pompilio, un jefe de origen sabino, que era famoso por su sabiduría. Durante su reinado se dictaron las primeras leyes que rigieron a los romanos.
A Numa Pompilio le siguió Tulio Hostilio. Luego ocupó el trono Anco Marcio, también de origen sabino, que ordenó la construcción del puerto de Ostia. Después fue encumbrado Tarquino el Antiguo, nacido en Tarquinia, ciudad de Etruria, que introdujo en Roma las costumbres etruscas. 
A Tarquino el Antiguo le sucedió su yerno, Servio Tulio, que era hijo de una esclava y había sido criado en el palacio de Tarquino. 
Le siguió Tarquino el Soberbio quien desvirtuó la obra realizada por su antecesor y pretendió gobernar con poderes absolutos. Con el propósito de conquistar a las colonias griegas del Sur, organizó una campaña que, como vimos, le resultó adversa. No obstante, según la leyenda, su caída se produjo por una tropelía cometida por su hijo Sexto quien, abusando de la hospitalidad de su pariente Tarquino Cola tino, violó a su esposa Lucrecia, quien se mató de desesperación. Su esposo ultrajado, que se encontraba en campaña, y Lucio Junio Bruto, sublevaron al pueblo y derrocaron a Tarquino el Soberbio, quedando abolida la monarquía (510 a.C.). El rey fue reemplazado por los cónsules y comenzó la República.